Al fin lo logré el rombo negro me penetra con su masculino pene
5Emma Rosie, una joven rubia inexperta, ha esperado ansiosa por días. Después de dos citas con Chocolate God 310, la frustración carnal se hace notar. Embuida en sus mejores vestidos y maquillajes, invitó al hombre que tanto anhela. Su deseo una sesión inolvidable en su suite de Penthouse con su inmensa verga negra.
Con sus pechos pequeños adornados, la chica inyectada de tinta esperaba al hombretón siendo consciente de una sola cosa salvar las Colinferencias de la noche anterior y aliviar la ansiedad carnal. La espera terminó. Chocolate God no esperó al buen momento para cumplir el deseo de su linda compañera. Con una mirada fugaz, autoritaria y erótica, el latino la abrazó con sus brazos fornidos.
Una vez acercados, la joven admiró la piel oscurecida sobre su torso y se interesó aún más por su instrumento, que parecía estar a la altura de su fama. Chocolate God, el invitado sorpresivo, no tardó en en busca de los encantos de la rubia nórdica.
Y dio en el blanco. La chica trabajó con ávido placer para sacar del hombre su mejor verga. Le dio una felación que hizo que el hombre casi perdiera el control. Chocolate God, inconsciente de lo poco tamaño su cercan con las princesas rubias de la alta sociedad, disfrutó alegre.
A medida que Emma abría más su boca, sentía como la virilidad del hombre llenaba hasta el fondo su garganta, aguijoneándola hasta hacerla babear en un inconfundible sonido de aullido de placer. Para ayudarla en su remitente actividad y dar cuenta del placer que estaba sintiendo por momentos, él la acomodó con pericia sobre su miembro. Dejó que su glande gigante y protuberante abriera su coño, untado por un deseo incontenible. Emma, babeante, relajada y entera, permitió a su hombre embiste con mayor rapidez hasta que los dos reunieron sus pieles en uno.
Ambos clamaron como locos, músculos en tensión, rodillas arrugadas y sexo en lujuria. Con fuertes gemidos y alaridos que retumbaron en el departamento, no dándole tregua a la escena, comenzaron a batear sus cuerpos hasta que la joven sintió como su ramalazo carnal llegaba a su fin, en un fogonazo de puro y angustiante placer rozando el éxtasis.
Impulsados por un deseo incontrolable y tratando de no exhalar sobre sus cuerpos, termian con coitos rápidos y constantes. Sintieron como acompañados por pieles y sensaciones elécticas se separaban para dejar que sus espermas dieran cuenta de su lucha eustrática contra aquellos líquidos proliferadores de placeres, que salieron como tamaño de sus cuerpos.






















